Un cuento te cuento

Un cuento te cuento
pero un cuento largo:
largo como el cielo
que rodea ancho,
tantas veces bueno,
lo que no hay que ver.

Si te parece, te cuento
la historia de un hombre
que acabó su vida
sin saber porqué
o la de un enano
que cuando bailaba
tocaba las nubes
con sus largos pies.

Si te parece triste
como para llorar,
te cuento que es simple
cambiarle el final.
El hombre que murió
por fin supo porque,
el enano creció
y se achicaron sus pies.

El primero nació
nuevamente en un ser
que se pasa la vida
olvidando el ayer.
El enano crecido
con nuevos zapatos
se la pasa bailando
tan cerca del sol,
que vuelve a hacer triste
el final de esta historia.
Mejor que otro cuente
un cuento mejor.

Se lo dijo

Le dijo que era el cielo caminando el mar,
el más valiente.
Y que era el mar, de los senderos,
el más violento.
Se lo dijo pensando que jamás podría
dudar de sus palabras.
Le dijo tantas cosas
mientras sentía su risa,
a carcajadas,
encadenarse sin reparo hasta sus otras bocas,
repetidas, inquietas,
fuera de foco,
desorbitadas,
y tan cerca de sus mareas.
Se lo dijo.

Cuento de hadas

Él contará la historia.
Yo le pondré muñecas
descalzas y plebeyas
y una más buena que el pan.

Este él es alguien que no existe.
Una vos gruesa que perdiste
una mañana al despertar.

Entre murmullo y sueño
retratará a tus hijos
disfrazado de hojalata
y papel crepé a Supermán.

Y les dirá que en un lugar,
no muy lejos,
una princesa
que ha extraviado a sus viejos,
todos los días cuando sale al balcón
se agarra un flor de metejón
conelmuchachoquepasavolandofrentealaventana
dondeestáencerradadesdequenació.

Juanito Laguna

Ilustraciones del lunes temático del
Coso de ilustradores
(06/03/06)
Hacer click en las miniaturas para ver el post.
Alexa Baptista
Gaby Burín
Poly Bernatene

Juanito Laguna
que no pega una
esconde un tesoro
de piedras de luna.

Sortijas de lata
de gaseosas light.
Engarces de chapa
Made in Uruguay.

Cositas que brillan
en la madrugada
y otros cachivaches
que no valen nada.

Juanito ya sabe
-no las va a mostrar-,
que a nadie le importa
lo que el va a guardar.

Prefiere que piensen
que en sus dos bolsillos
solamente caben
miguitas de pan.

Y es que a Juanito
ya le han robado
mil veces el sol
y mil veces la cuna.

Y ni un vigilante
se ha puesto a buscar
al ladrón de luces
que le roba a Juan.

 
Javier González Burgos
Magda Chodorowska
Gabriel Campero
Andrés Fernández Cordón

INCIENSO


—¡Cómo era de lindo deslizarme en sus manos!
Recuerdo ese día. Ella era muy pequeña. Se acercó en la noche.
Sus ojos chisporrotearon.
Comenzó a jugar, Me tomó en sus manos y me embarró en sus mejillas mojadas.
Desde ese día fuimos a tal punto inseparables que todos en la casa olvidaron su nombre.

Incienso solo vivió una vez. Tuvo un cuerpo esbelto. Una figura envidiable.
Una existencia tranquila.
Hasta que llegó el gran día: El día de la quemazón.

¡Incienso arde con pasión!
Su perfume se interna en rincones impensables. Esta cumpliendo su destino.
Mientras se desintegra creyendo que sobre el platito deja caer lo peor de sí, montoncitos de cenizas pretenden esbozar lo que el ha sido minutos atrás: una barilla de sahumerio.

Nunca ha visto ojos tan brillantes.
La niña llora sin parar mientras con un dedo aprieta cada uno de los trozos de ceniza.
Pronto estará terminado. ¿Qué mal pueden hacerle unos mimos?

Ella enjuga sus lágrimas. Incienso se impregna en la salobre humedad de la tristeza por primera vez.
Pronto solo ansía desparramarse por completo.
Esa luz roja descendiendo lentamente es ahora el reflejo del ardor de su corazón, ya no acercándose a su fin, sino a su amor.

Él cae por ella. Y caer significa renunciar al sinsabor.
No es ángel ni fantasma. Solo se transforma.

Barrendero maldito

Barrendero de lunas deshabitadas
por mi pasado.
que no ha visto el reflejo
de un rayo solar
encarando certero las caras de mis hijos.

Por aquí llueve.
Se han mojado los panes para la cena.
Mojado en vino, vino tonto,
el barrendero maldito,
cavando zanjas a diestra y siniestra
para llegar a la luna que no han pisado sus pies.

Él es así por estas horas.
Así de simple y de viejo.
Masacrando las ruinas de su memoria
-pestañeando al compás del horizonte-
recordará eso que no ha visto.

El poeta

El poeta se cansó de buscar tema.
Él, que siempre revolvía paja ajena,
resolvió que no hay miseria que se aguante
escudriñándose la vida entera.

El poeta quiso tregua para darle
a su virtud la paz que tuvo su poesía
y decidió poner en orden sus secretos
para lidiar contra la hipocresía.

Cercando el juego que lo pretendía
para entablar conflictos con la historia,
afán de ser burlada la memoria,
ya no pudo con él la fantasía.

Volcó su voluntad sobre una mesa
rindiéndose al albur con pleitesía,
tijeras y pinceles en la mano,
tachando y mutilando su agonía.

Asesinó los versos uno a uno.
¡Revolución al pie de cada estrofa!
Rompió papel para matar la rima.
Sangró senil la tinta de sus hojas.

Allí quedó, poesía, aunque no escrita,
evocación del trazo, tan hermosa,
que no alcanzando a odiar lo que perdía
atesoró en la imagen sus memorias.

Se arrodillo el poeta frente al blanco.
Y no pudiendo obviar el ejercicio
de realizar con ritmo la maniobra,
ametralló con un fusil de prosa.

Y con este último ardid, desenfrenado, mientras desenvainaba la arrogancia de su gloria, y aquí y allá como un rumor desavenido resucitaba la rima dando a luz su nueva forma, se preguntó de quién eran los versos que caían, en qué verdad cabía la verdad acorralada, la voz desenredada que cercada de silencios temprano entorpecía su capricho de matarla.

Se preguntó a quién amaba.


SELECCIÓN 2006 - AUTOR: LEICIA GOTLIBOWSKI - INICIO

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